La primera vez que vi mi pueblo en Internet me pareció irreal, y se me vinieron abajo los prejuicios románticos acerca de la maldita tecnología y sus demonios modernos, y mandando a la mierda mi rígida consecuencia tradicionalista, me entregué a disfrutar, rescatar y aprovechar el espacio que se daba en honor a mi pueblo. Me volví asiduo visitante de la página ovallito.cl y casi un defensor de su labor y existencia.


